El Camino de la Salvacion
por Josef Urban

Sabes que tienes vida eterna?

ESPACIOSO ES EL CAMINO A LA PERDICIÓN  


El mundo está lleno de personas que piensan que irán al Cielo cuando en realidad están en camino al Infierno. Esta es una declaración escandalosa, sin embargo es verdad. De hecho, el Señor Jesús nos enseñó que la mayoría de las personas en el mundo irán al Infierno. Él dijo: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición,  y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13-14). Según Él, muchos andan por el camino espacioso y terminan en la perdición, y solo un poco toma el camino angosto y termina en la vida eterna. ¡Este es un pensamiento solemne!

Y algo más escandaloso para considerar es que muchos de los que piensan que están en camino a la vida eterna en realidad están engañados y van rumbo a la destrucción eterna. Hay solo pocas personas en el mundo que dicen: “Yo sé que voy al Infierno, y no me importa.” La mayoría de las personas en el mundo dicen que quieren ir al Cielo. Dicen que tienen el deseo de ser salvos. Y ellos piensan que por lo general están bien, y se engañan en pensar que están yendo al Cielo cuando en realidad están en el camino espacioso que la mayor parte de la gente toma, el que les lleva a la destrucción.
 
Debido a la gran cantidad de ignorancia que existe en el mundo hoy en día, es muy probable, estimado lector, que tal persona pueda ser USTED. Cierto que puedes  creer en Dios, e incluso podrás hacer muchas cosas que parecen ser “buenas”. Pero la pregunta es: ¿Sabes que tienes vida eterna? ¿Qué tan seguro estás de esto? Si dices que sí, y tienes la certeza de tenerla, entonces la siguiente pregunta es: ¿Como sabes y que te hace estar tan seguro que no estás engañado? ¿En qué estás confiando para tu salvación?

Estas son preguntas importantes, y yo quiero ayudarte a responderlas conforme a la verdad por medio de examinarte con lo que dice la Palabra de Dios. Vamos a ver lo que la Biblia dice acerca de la salvación, acerca de Cristo, acerca del correcto camino hacia Dios, acerca de conocer la verdad, y mucho más. Si te importa tu alma eterna y en verdad quieres tener vida eterna, entonces te pido que leas este folleto cuidadosamente y con mucha oración.

Muchas personas son ignorantes en cuanto a las cosas de Dios, y ni siquiera saben cómo llegar al Cielo. ¡Eso es una tragedia! Si estás leyendo este folleto, es una buena señal de que tienes un verdadero interés por tu alma y estás tomando un paso más hacia la búsqueda de Dios porque la mayoría de las personas nunca harían esto, ya que nunca toman el tiempo de leer un libro acerca de Dios. Mientras continúas leyendo, te animo a buscar a Dios con todo tu corazón, porque Él ha prometido en Su palabra: “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13).

¡Sobre todo, asegúrate que no estés en el camino espacioso que lleva a la destrucción! ¡Y si estás ahí, ahora es el tiempo de salir de el, y entrar al camino angosto que lleva a la vida!
 

LA CONDICIÓN DEL HOMBRE ANTE DIOS

 
La mayoría de las personas se consideran ser generalmente “buenas”. Ellos admitirán que hay veces cuando han cometido errores; sin embargo, dirán que en general son personas morales y amorosas. Y creen que porque son básicamente “buenas”, existe una gran posibilidad de que entren al Cielo. No obstante, esto no es lo que la Biblia dice acerca del hombre, y es precisamente por ignorancia como esta que la mayoría de las personas terminará en el Infierno, ya que no ven la gravedad del peligro que les espera y, por lo tanto, nunca huyen de este peligro hacia la verdadera salvación que se encuentra en Cristo. Están confiando en una salvación falsa que no los salvará, porque están confiando en su propia moralidad y su propia idea de quién Dios es (pensando que Él no les castigará por sus pecados), aunque no es Bíblica. 


Entonces, ¿te consideras una “buena” persona? Aunque la mayoría de las personas piensan que sí, la Palabra de Dios dice que el hombre está muy lejos de ser “bueno”:  

“Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque” (Eclesiastés 7:20).

“No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:10-12).

Esto significa que no eres una buena persona. Eres exactamente lo opuesto ante los ojos de Dios. Eres una persona mala. Y lo eres porque has pecado contra Él. Has violado Su santa Ley. No le has glorificado como debe ser. No has vivido una vida de completo servicio obediente a Él; en lugar de esto, has vivido tu vida egoístamente, para tus propios placeres y propósitos. Has buscado principalmente complacerte a ti mismo, en lugar de buscar cómo complacer a Dios en todas las cosas. Y esto es muy ofensivo a Dios, ya que Él justamente merece ser glorificado, amado, obedecido y servido.  

No eres una persona buena porque sólo en raras ocasiones hayas hecho algo malo. La Biblia enseña que todos los hombres son corruptos de corazón y contaminados ante los ojos de un Dios santo, y tan perversos que Él mira con dolor y repugnancia a los pensamientos egoístas y profanos del hombre:

“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho al hombre en la tierra, y le dolió en su corazón” (Génesis 6:5-6).

Esta es la razón por cual Dios inundó el mundo en los días de Noé y destruyó a cada hombre, mujer, y niño de la faz de la tierra, salvó al fiel Noé y a su familia. Fue el pecado del hombre, los pensamientos de sus corazones de continuo solamente malos. Y es lo mismo hoy en día. ¿Quién puede decir, honestamente, que ante los ojos de un Dios santo e infinitamente puro y justo, que sus pensamientos son limpios y sin pecado ante Él? 

Nuestro problema es que no miramos al pecado en la misma forma que Dios lo mira. Tratamos de suavizar los estándares de la santidad y justicia de Dios por pensar que las mentiras realmente no son tan malas, que maldecir no es tan serio, que enojarse con una persona es aceptable. Sin embargo, Dios mira estas cosas como graves ofensas de Su Ley que tienen que ser castigadas. Aún si solo has cometido un pecado en toda tu vida, es suficiente para separarte de Dios por toda la eternidad. 

En el libro de Génesis, los primeros hombre y mujer, Adán y Eva, fueron creados en un estado de inocencia y fueron puestos en el Huerto de Edén. Ellos no tenían ningún  pecado el día que fueron creados. Ellos podían tener libre comunión con Dios y una relación personal con Él. Dios descendía y caminaba en medio de ellos, y disfrutaban de libre conversación con Él en santidad. Era un paraíso perfecto. Pero Dios le había dado al hombre un solo mandamiento, diciéndole a Adán: 
De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16-17). 

No fue mucho tiempo después que Adán y Eva commieron del fruto de ese árbol prohibido y pecaron contra Dios. La ira del Señor se encendió contra ellos. Su furia ardió. Dios maldijo la tierra, maldijo a la mujer y maldijo al hombre. La humanidad fue sujeta a esclavitud al pecado y a la consiguiente maldición de la Ley que fue pronunciada sobre ella. Dios cortó al hombre de Su bondad y Su vida, y los desterró del Huerto de Edén bajo la sentencia de muerte eterna por pecar. El hombre estaba separado de Dios, y separado para el castigo de venganza eterna. 

¿Cuántos pecados tuvieron que cometer para causar tales efectos catastróficos? Solamente uno. Solo fue unpecado el que enterró a la entera raza humana en el hoyo de la destrucción. Solo fue un pecado el que expuso al mundo tal como lo conocemos al dolor, sufrimiento, enfermedad, dolencia, guerra, muerte, y todo otro lamentable efecto del pecado. Dios es tan santo que Él mira a solo un pecado como algo tan asqueroso, deplorable y perverso que es digno de muerte eterna y desprecio perpetuo. Y si esta es la manera que Dios mira y trata con un solo pecado, imagínate como Él debe verte a ti, una persona que no solo ha pecado una o dos veces, sino muchas veces durante el curso de su vida. Si Dios castigó un pecado en el principio de esta manera, ¿honestamente piensas, estimado lector, que tú puedes escapar del justo juicio de Dios?


LA SANTA LEY DE DIOS

Si tu alma va a recibir ayuda para encontrar el verdadero camino de salvación que Dios ofrece, primero tendrás que entender dónde te encuentras aparte de ello. En caso de que todavía no estés convencido de que estás separado de Dios o si todavía no entiendes lo que esto significa, vamos a esforzarnos a convencerte más aún de tu estado pecaminoso ante el Cielo. Esto es necesario porque al menos que entiendas profundamente que eres un pecador, no vas a ver tu necesidad de un Salvador, y no vas a correr a Él con toda tus fuerzas para ser salvo. Entonces por favor lee esta sección cuidadosamente y responde cada pregunta en tu mente. 

Aproximadamente 5.000 años atrás, Dios dio al hombre una copia de Su santa Ley, los 10 Mandamientos. La Ley es simple, pero bien directa en mostrarnos si somos culpables o inocentes a Sus ojos. Muchas personas piensan que han guardado los 10 Mandamientos en lo general, pero están tristemente equivocados. Hay que mirar a cada mandamiento. Puedes encontrar estos en tu Biblia en Éxodo 20. Vamos a citar cada mandamiento, y junto a estos, he colocado algunas preguntas para que te examines y veas si has guardado o violado el mandamiento: 

1. “Yo soy Jehová tu Dios…No tendrás dioses ajenos delante de mí.” -¿Siempre has puesto primero a Dios en tu vida, sobre todas las cosas, en todo tiempo, en toda circunstancia, en cada situación? ¿Siempre has vivido solo para su gloria y no para la gloria de otro? Si no, entonces eres culpable de violar el primer y más grande mandamiento. 

2. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios,  fuerte, celoso…” –¿Algunas vez te has postrado a un ídolo, incluyendo una estatua de un santo muerto o un emblema de María? ¿Alguna vez has orado a algo o alguien que no sea Dios? Si has hecho esto, eres culpable de adorar a algo que no es Dios, y sus celos se han enardecido contra ti.   

3. No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano.” -¿Has alguna vez usado el nombre de Dios sin reverencia y respeto y honor hacia Él? Si has hecho esto, eres culpable de deshonrar a Dios mismo. 

4. “Acuérdate del día de reposo para santificarlo.” –¿Has siempre guardado como santo al Sábado, separando un tiempo para orar y buscar a Dios, y no cometer pecado en ese día? Sino, eres culpable de violar este mandamiento. 

5. “Honra a tu padre y a tu madre...” –¿Siempre has honrado y reverenciado a tu padre y madre en esta tierra, tratándoles con gran respeto y amor y siempre obedeciéndoles? Sino, entonces eres culpable ante los ojos de Dios de no honrar a los padres que Él te dio. 

6. “No matarás.” –¿Alguna vez has matado a alguien? Si lo has hecho, sin duda eres culpable. Sin embargo, puede ser que eres como la mayoría de las personas y nunca has matado a nadie. Pero el Apóstol Juan dijo que si tenemos odio contra nuestro hermano, Dios mira a eso como homicidio (1 Juan 3:15). Además, Jesús dijo que si nos enojamos sin tener una justa razón, estamos en peligro de juicio. Esto incluye guardar rencor contra alguien. Entonces, ¿odias a alguien en tu corazón? ¿Estás enojado con alguien y rehúsas a perdonarles de corazón? Si es así, Dios te mira como un violador del 6to Mandamiento y un asesino a sus ojos. 

7. “No cometerás adulterio.” –¿Alguna vez has sido infiel a tu cónyuge, o has estado con una persona que estaba legalmente casada con otra? Si has cometido esto, eres un adúltero. Sin embargo, este estándar no termina ahí. En Mateo 5:27, el Señor Jesús dijo que el que mira a una persona con lujuria ya ha cometido adulterio en su corazón ante los ojos de Dios. Esto significa que si alguna vez has deseado estar sexualmente con alguien con quien no estás casado, eres un adultero en tu corazón. Aún los que están en relaciones sexuales fuera del matrimonio están condenados ante Dios como fornicarios, y la Biblia dice que los fornicarios no van a entrar al reino de Dios (1 Corintios 6:9-10). 

8. “No hurtarás.” –¿Alguna vez has tomado algo que no te pertenece? Si has hecho esto, eres un ladrón. 

9. “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.” –¿Algunas vez has dicho una mentira? ¿Has engañado a alguien? Si es así, eres un mentiroso ante los ojos de Dios. 

10. “No codiciarás…” –¿Alguna vez has deseado más dinero, una casa más linda, un coche mejor? ¿Has visto algo que pertenece a otra persona y pensado que realmente lo quisieras? Si has hecho esto, eres codicioso ante el estándar de Dios.  

Entonces la pregunta es: ¿Has guardado o violado los 10 Mandamientos? Todos sabemos que el veredicto es:

¡CULPABLE!


Has violado la santa Ley de Dios. Esto debe ser espantoso para ti porque Dios está lleno de justicia y ha prometido en Su Palabra que el alma que peca morirá. Justo como Adán y Eva fueron castigados en el principio, así tú también tienes que ser castigado por pecar contra Dios. Ninguna excusa funcionará con Él, porque ya has pecado y Él sabe que eres culpable. ¿Entonces que te sucederá cuando estés enfrente de Dios en ese gran temible día, conocido como el Día de Juicio?  ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Hebreos 10:31).
 

EL DÍA DEL JUICIO Y LA IRA DE DIOS  

“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez,  y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). 

Estimado lector, tienes una cita que tienes que cumplir. Esta es una cita que tendrás que atender, no importa cuánto no quieras hacerlo. No hay una salida. En esta cita tendrás que enfrentar a tu Creador cara a cara y estar ante Su poderoso trono para ser juzgado. Cuando seas convocado por el Dios de toda la tierra a estar enfrente de Él en juicio, vas a estar ahí. Hay que leer lo que la Biblia dice acerca del juicio final: 

“Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo,  y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:11-15). 

¿Qué vas a hacer cuando estés ante este Dios santo para enfrentar el juicio? En ese día, todos los libros serán abiertos, y en ellos Dios tiene escrita cada cosa que has hecho en tu vida—incluyendo cada infracción de Su Ley. Piénsalo: cada mal pensamiento, cada motivo equivocado, cada deseo impuro, cada intención malvada, cada acto pecaminoso, todo saldrá a luz en ese día. Dios ha visto todo y lo tiene registrado. Jesús dijo que tendremos que rendir cuentas de cada palabra que salga de nuestra boca: “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio” (Mat 12:36). Dios incluso ha vistolo que has hecho en el lugar secreto, en tus pensamientos secretos, todas las cosas que nadie más ha visto. Y esto temerosamente saldrá a luz en el juicio.

¡Qué terribles noticias para los que han violado la Ley de Dios! El Dios del universo ciertamente no torcerá su justicia en ese día ni permitirá que pecadores entren en Su santo Reino. “Dios es juez justo, y Dios está airado contra el impío todos los días” (Salmos 7:11). Verdaderamente, Su santa naturaleza tiene que asegurarse de que el pecado sea castigado. Dios no tuerce Su Ley ni baja sus estándares. Como Él, por Su misma naturaleza, está absolutamente lleno de justicia y perfecta santidad, tiene que castigar a los que se han puesto en oposición a Él en pecar. En ese gran día, Su enojo se encenderá contra el pecado, Su ira arderá con gran furia, y su aborrecimiento contra las obras de maldad lo harán lanzar a todo hacedor de iniquidad al Infierno. 

Todos cuyos nombres no estén escritos en el libro de la vida del Cordero serán echados al lago de fuego. Esto significa que si USTED no ha sido redimido por la sangre de Cristo y no ha nacido de nuevo a una nueva esperanza por Su Espíritu. Si no eres salvo ni estás siguiendo a Cristo como tu Salvador personal, estás yendo rumbo al destino más horrendo que cualquiera pudiera imaginar.

Jesús describió el Infierno y el lago de fuego como un lugar donde “el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga” (Marcos 9:44). Cuando Él dice que el gusano nunca se muere, está hablando del gusano que come tu cuerpo cuando mueres y te pudres. Lo que está diciendo es que tu cuerpo nunca se deteriorará ni desaparecerá, que vivirás para siempre y en tormento consciente y perpetuo sin esperanza alguna de alivio del dolor. Y cuando habla del fuego nunca apagándose, está literalmente hablando de las llamas de la venganza de Dios que te quemarán y te atormentarán día y noche para siempre. Esto es a lo que San Judas se refería cuando hablo de sufrir “el castigo del fuego eterno” (Judas 1:7). 

Esta es la ira del Dios Todopoderoso que es enardecida por Su enojo. La Biblia dice claramente que Dios está muy enojado contra el pecado, y es por esto que Él ha jurado castigarlo a tal manera extrema como esta. El Señor dijo: “Porque fuego se ha encendido en mi ira, y arderá hasta las profundidades del Seol; devorará la tierra y sus frutos, y abrasará los fundamentos de los montes” 

(Deuteronomio 32:22). Si has violado la Ley divina de Dios y pecado contra Él, su ira está lista para golpearte y aplastarte.  

No pienses que escaparás si ignoras la gran salvación que Dios, gratuitamente, te ofrece a través de Su Hijo. Tu pecado demanda castigo eterno. Si Dios no castigase tu pecado, Él sería injusto, y no estaría bajo ninguna obligación de castigar al Diablo mismo. Pero no te hagas ilusiones de que escaparás, porque no lo harás, a menos de que te arrepientas y vengas a Cristo: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Romanos 1:18).

El Día de Juicio está viniendo para TI, estimado lector. Te pregunto si todavía estás en tus pecados. ¿No puedes oír los llantos de los condenados en el Infierno, gritando en agonía por el peso de sus transgresiones, atormentados día y noche bajo la ira de Dios? ¿No puedes sentir las llamas comenzando a levantarse y chamuscar tus talones, listos para consumirte en el lugar que estás sentado en este momento? ¿No puedes percibir el lugar en ese hoyo espantoso que aún ahora es reservado solo para ti, listo para recibirte el momento que la muerte te arrebate de repente? ¿No puedes sentir como si la tierra misma está lista a abrirse debajo de ti y comerte entero?  

Entonces te advierto, querida alma, te ruego: ¡Huye de la ira venidera! Corre del Juicio venidero y no mires atrás! Solo hay un lugar Seguro a donde puedes correr—a los brazos de un Salvador que sangró y murió por ti. 


EL SALVADOR LO PAGÓ TODO  

Quizás ahora estás en desesperación por el pensamiento que eres un pecador culpable y estás con un miedo terrible de enfrentar a Dios en el Día de Juicio. Quizás estás temblando por adentro y preguntándote si hay alguna esperanza para ti. Quizás sientes como si tus pecados pesan un millón de kilos y son tan pesados sobre tu alma que harías cualquier cosa para aliviarte de esta carga a fin de tener paz con Dios. Si este es el caso, hay muy buenas noticias para ti!!!

Hay Uno que ya ha sufrido y muerto por tus pecados y llevado el castigo por ellos en completo. Él llevó cada último pecado que has cometido, desde el más pequeño hasta el más grande, y los llevó en su propia espalda, y murió bajo su carga a fin de deshacerte de ellos para siempre y librarte. Este gran Hombre sufrió por cada vez que violaste la Ley de Dios. Él llevó la maldición de la Ley sobre Sí mismo y sufrió por ello por completo para librarte de tu castigo. 

El nombre de este Hombre es Jesucristo. Y Él no es solo un Hombre; Él es Dios en la carne (Juan 1:1). Él fue concebido sobrenaturalmente en el vientre de una virgen por el poder del Espíritu Santo, y naciendo como el unigénito Hijo de Dios, nació como un hombre sin pecado (Lucas 1:35), como el Santo de Dios. Vivió una vida de obediencia perfecta a los mandamientos de Dios, y nunca pecó (1 Pedro 2:22). Por lo tanto, no merecía morir. Sin embargo, Él escogió morir por amor a nosotros. 

Casi todos saben que Jesús murió en la cruz. Pero la pregunta es: ¿Qué sucedió cuando Él murió en esa cruz? Lo más significante en la historia del mundo entero sucedió cuando el Hijo de Dios fue colgado en esa cruz, y es esencial entenderlo y creer en lo que Él hizo ahí para que puedas ser salvo.

La Biblia dice que cuando Cristo, el Varón sin pecado, fue colgado en esa cruz, Él llevó nuestros pecados sobre Sí mismo y sufrió y murió en el lugar de nosotros. Leamos una porción de las Santas Escrituras, que en realidad fueron escritas cientos de años antes que el Señor muera en la cruz; sin embargo fue escrita acerca de Él y lo que padecería. Lo siguiente está escrito en Isaías 53: 

“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará?  Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte,  y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores” (Isaías 53:3-12).

Lo que ocurrió cuando Jesús estaba en esa cruz fue que Dios el Padre llevó TODOS nuestros pecados y los puso sobre Jesús, y luego Él aplasto a Jesús en Su ira contra el pecado y lo castigó por todos esos pecados. Al hacer esto, Dios estaba satisfaciendo la justicia que demandaba que el pecado sea castigado. El Señor Jesús escogió tomar el castigo que merecemos sobre Sí mismo para satisfacer la ira de Dios. Él llevó la ira y la venganza de Dios sobre Sí mismo a fin de desviarla lejos de nosotros. Ahora, porque Él hizo esto, y soloporque Él hizo esto, podemos escapar del justo juicio de Dios contra el pecado. Ya que nuestro pecado fue castigado en Cristo, no tenemos porqué ser castigados si recibimos al Salvador y somos salvados.

Todo esto sucedió según el plan de Dios, porque Dios nos ama y no desea la muerte del impío. La Biblia dice:Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo,sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree,  ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:16-18).

El Salvador murió para pagar el castigo por tus pecados por completo y comprarte una gloriosa salvación para que puedas libremente recibir el regalo de Vida Eterna de Dios. Jesús no vino a condenarte, avergonzarte, o solo para hacerte sentir mal por tu pecado. Él vino para demostrar el amor de Dios, para pagar el castigo por el pecado, para satisfacer la justicia de la Ley que tú violaste, para preparar el camino a fin de que tú puedas ser restaurado a Dios, para que puedas tener una relación viva y real con Dios. Él vino para pagar por tus pecados y darte una nueva vida. Su sangre fue derramada para servir de expiación por tus pecados, para comprar el perdón, a fin de que tú seas limpiado de todo pecado y que se te dé una nueva esperanza y Vida Eterna en el Reino de Dios. Él compró tu salvación con Su propia sangre. Esta consumado. Él lo compró por completo. ¡No hay nada más que podrás agregar a esto, solo tienes que recibirlo y regocijarte en Dios! O, ven a Cristo, querido, cargado y cansado pecador, y encontrarás descanso para tu alma. 


UN SALVADOR VIVO

Jesucristo no solo murió por tus pecados, pero también resucitó de entre los muertos en el tercer día. Después que resucitó, apareció a Sus Apóstoles y les dijo:  

 “Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas” (Lucas 24:46-48)”

El Apóstol Pablo escribió:   “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí” (1Corintios 15:3-8).

Habían muchos testigos de su resurrección, especialmente los escogidos Apóstoles que Cristo mandó a ser Sus mayores testigos y predicadores, para establecer la fe cristiana en el mundo y echar los cimientos de la Iglesia. Su testigo es confiable, ya que ellos lo habían visto cara a cara y habían tenido sus vidas transformadas por verlo en la gloria de Su resurrección. 

Algunos se pueden estar preguntando: ¿Cuál es el significado de la resurrección? ¿Por qué es tan importante y que significa para mí? ¡Significa todo! La resurrección de Cristo de entre los muertos es la evidencia de la fe Cristiana. Es la evidencia que Su sacrificio para el pecado fue aceptable a Dios, que el pecado fue pagado por completo, y que todos los que creen en el Evangelio pueden de la misma manera ser levantados a nueva esperanza y nueva vida. 

Acuérdate que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). Sin embargo, Cristo no tenía pecado. Entonces cuando murió, la muerte no lo podía retener. Él no merecía sufrir la paga del pecado porque era sin pecado, entonces cuando lo hizo y murió, la muerte perdió su poder y tenía que dejarlo ir. “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.” (Hebreos 2:14-15). La muerte sobrepaso sus límites en prender a Cristo y por lo tanto fue derrotada por Él. Por Su muerte, el Señor derrotó al Diablo que tenía el poder sobre la muerte, y entonces liberó a las almas de todos los justos que creían en Él. 

Ahora, porque Cristo resucitó de los muertos, todos los que han muerto serán levantados otra vez. Jesús dijo:“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:28-29). Esto significa que los justos muertos y los impíos muertos serán levantados en sus cuerpos a vivir otra vez. Los que son salvos serán resucitados, dados su recompensa, y heredarán Vida eterna. Los que son impíos, se levantarán, serán juzgados, y serán lanzados al lago de fuego para sufrir la venganza de la condenación eterna. 

Y aunque es una cosa horrenda para los que no están a cuentas con Dios, es una gloriosa esperanza para los que si están. ¡Para ellos, estas son noticias maravillosas! Cristo es el vencedor sobre la muerte y el Infierno y ahora todos los que se vuelven a Él y creen en Él comparten la misma victoria y tienen Vida Eterna. Jesús dijo:“Yo soy la resurrección y la vida;  el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25).  Los que creen en el Señor Jesús, lo aman y le sirven tienen Su promesa de que nunca se perecerán, nunca estarán perdidos, y Él será fiel en salvarlos.  

“Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna;  y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:37-40). 

Porque Jesús resucitó de entre los muertos, ahora tú tienes una nueva oportunidad, un nuevo comienzo, en la vida. Puedes recibir una vida completamente nueva de Dios y nacer de nuevo. Aunque puedes estar muerto espiritualmente en tus pecados ahorita, puedes ser levantado a una nueva vida en Cristo con victoria sobre el pecado y poder sobre las obras de Satanás. Puedes ser nacido de Dios y tener el poder del Espíritu Santo para ayudarte a vivir una vida nueva de amor y devoción a Jesús. ¡Él ciertamente te puede salvar, ya que no es un Salvador muerto, sino uno vivo! Él vive para siempre y puede salvar a todos que vienen a Dios por medio de Él: “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios,  viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25).


NECESITAS NACER DE NUEVO

Para ser salvo, una persona tiene que convertirse. Nadie puede nacer un cristiano, y nadie es un cristiano simplemente porque sus padres lo son, o porque van a la iglesia, ni nada por el estilo. Debe haber un tiempo y lugar definido en la vida de una persona en los que se pueda señalar y decir que ha cambiado, y ha sido convertido, volviéndose una persona diferente. Jesús llamó este cambio “nacer de nuevo.” Él dijo: “De cierto, de cierto te digo,  que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). 

Sus palabras son bien claras. Al menos que nazcas de nuevo, no podrás ver el Reino de Dios. Esto significa que sin nacer de nuevo, no vas a heredar la Vida Eterna y no serás salvo. Según Jesús, nacer de nuevo es esencial para ser salvo. 

¿A quién dijo esto Jesús originalmente? (Puedes leer todo el contexto en tu propia Biblia en Juan 3.) Jesús estaba hablando con un hombre llamado Nicodemo. Este hombre era un fariseo, un maestro judío muy estricto. Los fariseos eran muy religiosos y sumamente devotos. La gente común los respetaba y los veía como hombres santos, dedicados a Dios, maestros de la Ley. Si alguien iba a ser salvado, el pueblo pensaba que ciertamente ellos serían.  

Los fariseos creían en el Dios verdadero, asistían a la sinagoga (iglesia) cada semana sin falla, daban su dinero a los pobres regularmente, ayunaban (abstenían de comer) dos días a la semana, oraban por al menos dos horas cada día, tenían mucho de la Biblia memorizada, tenían mucho celo por viajes misioneros para hacer conversos, y mucho más. Los fariseos eran predicadores desde los tiempos antiguos. Ellos enseñaban a otros a cómo llegar al Cielo. Sin embargo Jesús dijo que toda su devoción religiosa no era suficiente para hacerles entrar al Reino de Dios. Todas estas obras religiosas no les podían salvar. A pesar de sus buenas intenciones y moralidad religiosa, Nicodemo no era salvo—el todavía tenía que nacer de nuevo.

Quizás tú eres muy parecido a Nicodemo. Eres una persona moral y piensas que haces muchas cosas buenas y estás en camino al Cielo. Bueno, la verdad es que tu moralidad y buenas obras no te pueden salvar—necesitas nacer de nuevo. O puede ser que no eres nada como Nicodemo. Quizás no tengas nada de moralidad propia, y sabes que cometes muchos actos malos y perversos todo el tiempo. La verdad todavía queda clara—tienes que nacer de nuevo. No importa quién eres o en que te encuentras en la vida, al menos que nazcas de nuevo no entrarás al Reino de Dios. 

¿Pero por qué necesitas nacer de nuevo? Necesitas nacer de nuevo porque por naturaleza tú estás en un estado muerto (Romanos 5:12). El pecado que has cometido ha causado que estés muerto, espiritualmente, a Dios y a todo lo bueno. La Biblia dice que todos los hombres están naturalmente “muertos en pecados” (Colosenses 2:13). Es imposible que hagas algo que agrade a Dios mientras estés en un estado espiritual de muerte. Necesitas recibir nueva vida de lo alto a fin de que puedas estar vivo a Dios para que puedas vivir para Él y seguir a Cristo y agradarle. No podrás servir a Dios a menos que recibas la nueva vida que Él te ofrece por Su Espíritu Santo para darte poder para obedecer sus mandamientos. 

¿Entonces qué sucede cuando alguien nace de nuevo? Dios habló a través del profeta Ezequiel y nos da una figura maravillosa de lo que pasa en el nuevo nacimiento: “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:25-27).

Cuando alguien nace de nuevo a través de la fe en Cristo, Dios sobrenaturalmente lo limpia de sus pecados. La persona es consciente que ha sido limpiada interiormente de la maldad y contaminación del pecado y reciben una conciencia limpia. También recibe un corazón nuevo de Dios. Su corazón antiguo era como una piedra, fría, dura, y no respondía a Dios. Pero Dios le da un nuevo corazón de carne, un corazón templado, suave, moldeable y que responde a las cosas de Dios. Y cuando alguien nace de nuevo, recibe el Espíritu Santo, dentro de sí. El Espíritu entra en su corazón y mora en él, sobrenaturalmente, dándole poder para amar y obedecer los mandamientos de Jesús. Este poder sobrenatural morando en ellos les da una nueva esperanza y saben que han sido cambiados pero no por sus propias fuerzas, sino por el poder de Dios.

Cuando naces de nuevo, eres limpiado de tus pecados y se te otorga una nueva naturaleza que se deleita en las cosas de Dios. Tu corazón se llena con nuevos deseos. Antes, tu corazón viejo solía deleitarse en servir al “yo”, en cosas que satisfacían tu naturaleza pecaminosa, en hacer cosas que Dios no aprobaba. Pero cuando naces de nuevo, odias las cosas que no agradan al Señor. Recibes nuevos deseos, y tu corazón se deleita en obedecer Sus mandamientos, y tienes un clamor interno en tu corazón de invocar a Dios como tu Padre (Gálatas 4:6). Ahora amas las cosas que Dios ama. Ahora quieres conocer las Escrituras y tienes hambre por la palabra de Dios (1 Pedro 2:2). Ahora encuentras que necesitas orar regularmente. Te gozas en conocer a Dios, en acercarte a Él, y el clamor de tu corazón es conocerle más. 
 

LA SALVACIÓN ES SOLO POR GRACIA

La salvación es del Señor (Jonás 2:9). Una persona se salva no por algo que ha hecho, sino solo por la misericordia y gracia de Dios. Cristo compró la salvación por completo en la cruz, y se levantó de la muerte para darla libremente para todos los que la reciban. La salvación no es la obra del hombre; es la obra de Dios. Es completamente sobrenatural y divina en su origen. La Biblia dice que antes que el mundo fue creado, Dios el Padre predestinó la salvación de Su pueblo (Efesios 1:4-5). Entonces, en el cumplimiento del tiempo, Cristo vino y compró su salvación por Su muerte en la cruz (Gálatas 4:4-5). Y durante su vida, el Espíritu Santo viene a ellos personalmente, los llama a venir a Cristo, y responden a Su llamado por fe y son salvos (Romanos 8:30). Y así Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo están involucrados en la obra de salvar a los hombres.

Como la salvación es una obra de Dios, no hay nada que puedas hacer para merecerla. No importa cuántas buenas obras hagas, nunca puedes ganarte tu propia salvación. La Biblia dice que la salvación es solo por gracia por medio de la fe: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). Gracia significa “favor inmerecido.” Es un regalo. Dios nos da la salvación como un gratuito regalo aunque no lo merecemos. De hecho, merecemos lo opuesto.  Merecemos morir e ir al Infierno y sufrir castigo eterno, ya que hemos pecado tan grandemente contra Dios. Sin embargo Dios es tan lleno de amor y compasión, que Él está dispuesto a salvarnos en base de Su gracia, a libremente limpiarnos de todos nuestros pecados y darnos la Vida Eterna, no porque lo merezcamos, sino por lo que Cristo hizo por nosotros cuando murió en la cruz y resucitó. 

“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Tito 3:4-7). Es por la bondad y amor de Dios que Él ha escogido salvarnos por su gracia, esto es, no por alguna obra que podamos tratar de hacer para ganarla, sino por Su misericordia en lavarnos de nuestro pecado y darnos nueva vida a través del poder del Espíritu Santo. Entonces somos justificados, o en otras palabras, perdonados de nuestros pecados y puestos dentro de una relación con Dios, por el libre favor de Dios por medio de creer en Jesucristo. 

Lo que todo esto significa para ti es que estas total, completa, y absolutamente dependiente solo en Cristo para salvarte. Ya que no hay nada que puedes hacer para ganarte la salvación, estás desesperadamente dependiente de que Dios te muestre misericordia y te dé Su gracia. No hay ningún otro lugar a donde ir. Nadie más te puede ayudar. Nada más te puede salvar. Si entras en el Reino de Dios, será solo por la gracia de Dios. Si naces de nuevo, será solo por el poder de Dios. Necesitas fijarte sólo en Cristo y confiar en Él para tu salvación. Si Él no obra en tu parte y borra tus transgresiones y te da su Espíritu, ciertamente perecerás en el Infierno. Querida alma, tienes que confiar en Dios, e invocar a Él en desesperación hasta que sepas que te ha salvado.

Sin embargo, necesitas entender que Dios está lleno de gracia, y está dispuesto a salvarte. Él se goza en mostrar su gracia a los hombres y salvarles. Él mandó a Jesús a morir por ti porque te ama, porque está dispuesto a salvarte. Puedes confiar en Él. Solo lánzate sobre su misericordia, clama a Él para que te salve, confiando que mientras lo haces, Él te contestará. “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:13). Dios tiene que salvarte libremente por Su gracia, sino estarás perdido para siempre. Es el tiempo de que, desesperadamente, busques al Señor. Tienes que encontrarle. Tu vida depende de ello. 


¿QUÉ DEBO HACER PARA SER SALVO?

Entendemos que la salvación es un libre regalo de Dios, dados a nosotros porque Él nos ama y se goza en mostrarnos misericordia. Y entendemos que no hay nada que podemos hacer para ganarla ni merecerla, solo podemos recibirla. Pero entonces surge esta pregunta: ¿Cómo recibo la gracia de Dios? ¿Qué debo hacer para ser salvo? En este punto las Escrituras nos dan esperanza, porque son muy claras. Escucha las palabras de Cristo mismo:   

“El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15).

Jesús dijo esto cuando empezó Su ministerio público, y empezó a anunciar la venida del Reino de Dios, sobre cual Él estaría reinando. Él está diciendo que como el Reino de Dios está cerca, los hombres tienen que arrepentirse y creer el Evangelio. En otras palabras, esto es lo que los hombres tienen que hacer para entrar al Reino. El Apóstol Pablo predicó la misma cosa, diciendo que el mensaje que proclamaba era “arrepentimiento para con Dios,  y la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21). Esta es la única manera de recibir la gracia de Dios y el regalo de la vida eterna. 

Hay dos cosas que son necesarias para recibir la salvación: (1) arrepentimiento y (2) fe en Cristo. Estas dos cosas se resumen en una sola acción de acudir a Dios, y nadie puede totalmente hacer uno sin hacer el otro; sin embargo para tenerlo claro, vamos a explicar ambos y definir que es cada uno y cómo es: 

(1) Arrepentimiento es dar la espalda al pecado a fin de hacer lo que es correcto. Es más que simplemente confesar nuestro pecado, o pedirle a Dios que nos perdone. Esto incluye confesar nuestros pecados, pero va más allá que esto, en realidad, es dejar el pecado que hemos confesado. Arrepentirse significa renunciar el pecado con todo nuestro corazón, y hacer una firme resolución de abandonarlo y hacer lo que es bueno y santo. Arrepentirse significa voltearse e irse en la dirección opuesta. Una vez estábamos en el camino del pecado, continuamente cometiendo pecado y siguiendo a Satanás, pero cuando nos arrepentimos damos la vuelta por completo y damos la espalda al pecado y a Satanás y miramos a Cristo, siguiéndolo en hacer lo que es bueno y justo habitualmente. Si un borracho se arrepiente, va a dejar de emborracharse. Si un mentiroso se arrepiente, va a dejar de mentir. Si un chismoso se  arrepiente, dejará de chismear. Si dice que está sirviendo a Dios ahora, y que se ha arrepentido, pero todavía está cometiendo estos mismos pecados que siempre ha cometido, es obvio que su arrepentimiento no es genuino y no le salva. Si hay arrepentimiento genuino en nuestra vida, va a ser evidente por lo que hacemos. 

(2) Fe en Cristo involucra una confianza en Él de todo corazón para salvarnos. Una persona que cree en el Evangelio, y tiene una fe genuina en Cristo, cree con todo su corazón que Jesús murió en la cruz para salvarlos, y que son salvos por lo que Él hizo, y tienen una relación personal y real con Él confíando en Él. La fe es mucho más que un asentimiento intelectual. Muchos dicen que creen en Jesús, pero en verdad no tienen una verdadera fe que les puede salvar. La Biblia dice: “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan” (Santiago 2:19). Obviamente, los demonios no son salvos aunque crean que el único Dios verdadero existe. Muchos tienen fe como los demonios—creen en la existencia de Dios, pero no lo siguen ni lo aman ni confían en Él en sus corazones, ni son salvos. La verdadera fe es más que decir que creemos. Involucra el rendirnos enteramente a Cristo como nuestro Maestro para obedecerle y vivir por Él y para Él, en cada momento de nuestras vidas. Si verdaderamente crees en el Evangelio, vas a mostrarlo con tu vida, y vas a vivir solamente para la gloria de Aquel que murió por ti. La verdadera fe en Cristo involucra rendirnos a Él con todo nuestro corazón, y dedicarnos a Su servicio.

Querido lector, si sabes que no eres salvo, necesitas ser salvo inmediatamente. Apártate de tus pecados, renuncia todo lo que sepas que es pecado, y acude a Cristo con todo tu corazón, confiando que Él te puede salvar, rindiendo tu vida a Él para obedecerle de ahora en adelante. Luego continúa buscándole, siguiéndole por fe todos los días, leyendo Su Palabra, pasando tiempo con Él en oración, alabándole, haciendo buenas obras a otros, y obedeciendo Sus mandamientos. 

Si te arrepientes y sigues a Dios, es necesario que seas bautizado en agua para públicamente declarar tu fe en Cristo. Jesús dijo a Su pueblo: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15-16). Es necesario que creas en el Evangelio y seas bautizado por inmersión en agua para decir al mundo: “Yo creo en el Señor Jesucristo y voy a seguirle el resto de mi vida.” Siendo inmerso en agua no te salva, pero si declara que crees que Cristo te ha salvado, y por lo tanto es una señal necesaria de la verdadera fe. Si dices que estás confiando en Cristo para tu salvación, pero no te bautizas, entonces hay mucha razón para dudar que verdaderamente crees. 

Encontrar salvación para tu alma no se trata de unirse a una religión o convertirse a una cierta iglesia o costumbre. Se trata de venir a Cristo. La religión muerta no puede salvar a nadie. Pero Cristo es un Salvador vivo y puede salvar a todos los que vienen a Él en fe. Si quieres ser salvo, solo lánzate a Cristo. Rinde toda tu vida a Él. Dale todo tu corazón. Y dedica tu vida completa a entender más acerca de Él y conocerlo cada vez más. La salvación no se trata de hacerse parte de una religión; se trata de conocer a una Persona. “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3).
 

EL ESPÍRITU SANTO DA TESTIMONIO

Dios no nos deja teniendo que adivinar si somos salvos o no. Dónde pasaremos la eternidad es una gran cosa, y determinar a dónde iremos, al Cielo o al Infierno, es la decisión más seria que tendremos que tomar en esta vida. Y como tal, Dios no nos deja para adivinar nuestro destino eterno. La Biblia dice que podemos saber si somos salvos: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” (1Juan 5:13). 

La razón por cual la Biblia fue dada a nosotros es para que podamos leer el testimonio que Dios nos dio de Su Hijo y creer en Él, y como resultado de creer, no tendremos solamente que adivinar, sino saber que tenemos Vida Eterna. Podemos estar seguros que estamos camino al Cielo. Podemos saber que vamos a heredar el Reino de Dios.

Es posible porque cuando nosotros nos arrepentimos y venimos a Cristo, el Señor nos da Su Espíritu Santo como un sello de nuestra salvación: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Efesios 1:13-14). Esto significa que cuando oímos el Evangelio, y creemos en él y somos salvos, somos sellados con el Espíritu Santo, y el Espíritu es la evidencia de que estamos camino a heredar el Reino de Dios. El Espíritu Santo nos da la evidencia aquí y ahora que Dios es fiel a Su Palabra en salvarnos y que recibiremos la completa recompensa de Vida Eterna en el final.

El Espíritu Santo no es un poder o fuerza impersonal. Es una Persona real. Él es Dios. Y como Dios, viene a vivir adentro de nosotros cuando creemos en Cristo y somos salvos. Jesús dijo a Sus discípulos antes de irse del mundo para estar con Su Padre: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:16-17). El Espíritu Santo viene y hace que Dios sea real a nosotros, para que lo podamos conocer, tener comunión con Él, caminar con Él, y tener una relación verdadera con Él. El Espíritu Santo permanece con nosotros cuando somos salvos y hace que nuestra salvación sea más real a nosotros que cualquier otra cosa en este mundo. 

Somos asegurados de nuestra salvación y sabemos que somos salvos cuando el Espíritu Santo viene y mora en nosotros. Y por esta razón Él hace muchas cosas reales y extraordinarias:

Él testifica dentro de nosotros y nos da una seguridad interna que somos Sus Hijos: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16). 

Él se convierte en nuestro Maestro personal y nos enseña todo lo que Cristo nos mandó: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26). 

Él nos revela a Cristo y hace posible que lo conozcamos: “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí” (Juan 15:26).

Él llena a nuestros corazones con el amor de Dios: “…el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5). 

Él nos da sobreabundante paz, gozo, y esperanza en nuestros corazones: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13).

El Espíritu Santo hace muchas otras cosas gloriosas cuando vienes a conocerle personalmente. Cuando el Espíritu Santo está viviendo en ti, sabes que tu vida ha cambiado. Estarás convencido que tu alma ha sido salvada, y Cristo será real a ti. Sabrás que eres salvo. Ya no tendrás que adivinar. Tu corazón estará lleno del amor de Dios y estarás clamando a Él como tu Padre Celestial, y conocerás al Dios vivo personalmente. 


DIFICULTADES Y OBJECIONES CONTESTADAS

Cuando las personas están buscando a Dios, a menudo hay muchos obstáculos que se levantan en el camino de ellos que deben vencer si han de ser salvos. No es raro que ellos tengan muchos pensamientos que parecen impedirles de recibir la salvación a través de la fe en Cristo; sus corazones que tan naturalmente están propensos a la incredulidad causan el surgimiento de malos pensamientos que traen duda, y el enemigo de sus almas, el Diablo, está esforzándose mucho para desanimarlos de encontrar la salvación. Trataremos con algunas de las dificultades y objeciones más comunes y prevalentes que se ponen en el camino de los que están buscando ser salvos: 

1. “Mis pecados son tantos, tan graves, y tan grandes para que yo pueda ser personado.” Esto es realmente echar duda en la suficiencia de la sangre de Cristo para perdonarnos de todo pecado. La Biblia promete: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Si estás diciendo que tus pecados son tantos y muy grandes para que seas perdonado, estás diciendo que tus pecados son más grandes que la sangre de Jesús que fue derramada para limpiarte de esos pecados. ¡Pero cierto que no quieres decir eso! ¡Ciertamente admitirás que la sangre de Jesús es más poderosa que todos los pecados que has cometido juntos! De hecho, estás un paso más cerca de encontrar la salvación en Cristo, porque la Biblia dice que el primer paso para aceptar el perdón de Dios es reconocer cuan grandes son nuestros pecados. Cristo no vino para los justos; vino para salvar a pecadores:“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:6-9). Dios nos ama mientras somos pecadores, y fue mientras que sabía que éramos pecadores que Cristo murió por nosotros. Cuando el Señor Jesús estaba en la tierra, Él con frecuencia tenia por compañía a los pecadores más perversos y viles que uno pueda imaginarse, e incluso Él fue acusado de ser un “amigo de pecadores” (Lucas 7:34). ¡Gracias a Dios, Él sigue siendo un amigo de pecadores hoy en día, dispuesto a salvar a todos los que vienen a Él! 

2. “Estoy en esclavitud al pecado y nunca podré cambiar.” Esto es a menudo usado como una excusa por los que simplemente no quieren cambiar por que aman a sus pecados. Ellos dicen que no pueden dejar de pecar. Sin embargo, el Señor no permitirá tales excusas. Él dijo: “Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego” (Mateo 18:8-9). Si todavía sigues caminando con una mano o un pie, y todavía dices que no puedes dejar de pecar, tu excusa será hallada como basura en el Día de Juicio. No estabas suficientemente desesperado. No tenías “hambre y sed de justicia” y por esto no fuiste “saciado” (Mateo 5:6). Además, el Evangelio promete que si crees en Cristo y lo sigues, Él te libra de tu pecado y te dará poder para habitualmente vencerlo y vivir una vida santa: “Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare,  seréis verdaderamente libres” (Juan 8:34-36). Hay muchas otras promesas similares en el Nuevo Testamento, prometiéndonos victoria si servimos a Cristo.

3. “No puedo creer con suficiente fe para ser salvo.” Esta es una pobre excusa, ya que hace a Dios un mentiroso. “El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo” (1Juan 5:10). Estás diciendo que no crees en el testimonio que Dios nos ha dado de Su Hijo, y que la Palabra de Dios no es suficiente buena para ganar tu confianza y fe. Esto se llama el pecado de incredulidad, y sería sabio de ti si dejases de cometer este pecado contra Dios de dudar su Palabra, y simplemente la aceptaras tal como está escrita. El único remedio para esta incredulidad es leer las Santas Escrituras y pedir que el Espíritu Santo abra tus ojos a la verdad de la Palabra y que la haga real para ti. “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). La verdadera fe es un regalo de Dios, y no puedes creer y ser salvo al menos que Dios abra tus ojos espirituales y te dé la fe con la cual podrás aferrarte a Cristo. Pero al mismo tiempo, Dios usa medios para cumplir sus fines, y el medio que Él ha escogido para darte el don de la fe que salva es el leer y estudiar Su Palabra. Entonces estúdiala bien y cuidadosamente, lee el Nuevo Testamento con persistencia hasta que encuentres esta fe surgiendo de tu alma. Y mientras tanto, obedece todo lo que sepas en cuanto a ser correcto, obedece todos los mandamientos del Evangelio, y vive según esa luz  que has recibido. Con frecuencia la gente usa la excusa de que no tienen suficiente fe porque en realidad no están dispuestos a entregarse por completos a Cristo y obedecer el Evangelio. No uses tal excusa. En su lugar, reconoce que mientras te comprometas a seguir a Cristo, estés obedeciéndole, leyendo Su Palabra, caminando con Él y orando; Él aumentará tu fe mientras lo honres en tu vida. 

4. “No sé cual religión es la correcta.” Esto suena como la objeción que el Apóstol Tomás tenía. Cuando el Señor Jesús dijo que iba a ascender al Cielo, Tomás dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida;  nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:5-6). La respuesta del Señor es la misma para todos los que hoy dirán que no saben cuál es el camino al Cielo. ¿Cuál religión es la correcta? Jesús dice que Él es el camino, Él es la verdad, Él es la vida. La verdad no está en una religión; la verdad es una Persona. El camino al Cielo no se encuentra en seguir una religión; es recibido por conocer a una Persona. Jesús es el único que murió para pagar el castigo por tus pecados, y resucitó para tu justificación. Síguelo. Él no vino para empezar una nueva religión; Él vino para preparar el camino para que conozcamos a Dios. El Diablo tiene muchas falsificaciones en el mundo, no seas engañado por ellas. Nunca te puedes equivocar en seguir a Cristo. Eso es lo que Pedro hizo. Mientras que él estaba pescando, Jesús vino y le dijo: “Sígueme.” Inmediatamente Pedro dejo todo lo que estaba haciendo, bajo su red, y siguió a Jesús (Mateo 4:18-20). Tú harás bien en hacer lo mismo. Deja lo que estás haciendo, deja todo, y ahora mismo, toma la resolución de seguirle. Él es el único camino a Dios. Y está tan vivo ahora que cuando Pedro lo siguió. El cristianismo no se trata de una religión; se trata de seguir a Jesús. 

Hay muchas otras objeciones y dificultades en las mentes de las personas que les impiden a verdaderamente encontrar la salvación. Sin duda las enfrentarás mientras buscas a Dios. ¡Pero no te rindas! Sigue buscando y clamando a Dios para que te salve. “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”(Mateo 7:7-8).  


PERDÓN DEL PECADO Y PAZ CON DIOS

Tus pecados, aunque sean grandes y tantos, pueden ser perdonados, limpiados, y puedes ser limpio ante los ojos de Dios. Aunque has amontonado una deuda inmensa contra Dios en pecar, y la lista de tus pecados es largamente horrorosa, el Salvador llevó esa deuda y la colgó en la cruz de una vez por todas: “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz” (Col 2:13-14).         

Ahora puedes estar confiadamente ante Dios en el Juicio sabiendo que tus pecados han sido perdonados para siempre. El amor que Dios te ha mostrado te puede dar una santa confianza, en la cual sabes que estarás en el Juicio vestido con la justicia de Cristo: “En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo” (1Juan 4:17).Así como Jesús es—esto es, justo y santo—así somos cuando lo recibimos y Él nos da Su gracia para ponernos a cuentas con Dios. Cuando estás bien con Dios, Él te mira desde el Cielo y ya no ve un depravado, sucio y miserable pecador que merece ser castigado por Su ira. En lugar de esto, Él te mira como mira a Su Hijo, justo y santo, como uno al que Él ama en una relación perfecta consigo mismo. La posición y el merito de Cristo son libremente acreditadas a tu cuenta, y te son dadas para que ya no estés enfrente de Dios como un pecador, sino como un santo que ha sido cubierto con la sangre de Cristo. 

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).  Puedes tener esta paz con Dios ahora. Antes de este tiempo, no has estado en paz con tu Creador. Has estado en enemistad con Él, y no fue nada sino su pura misericordia que evito que Él te mate en tus pecados y te mande al Infierno para siempre. Pero ahora que Cristo ha muerto por ti, y resucitado, tienes una nueva oportunidad, una nueva esperanza. Puedes recibir la paz con Dios. Tus pecados pueden ser perdonados solo si crees en el Señor Jesucristo con todo tu corazón, y recibes la justicia de Cristo que por siempre cubrirá tu vergüenza y desnudez ante Dios.

No conviertas el encontrar la salvación para tu alma en algo complicado. No es difícil; es muy fácil ser salvo. Fue difícil para que Cristo la compre, sin duda, a través de su muerte brutal y agonizante. Pero para ti, es fácil, todo lo que tienes que hacer es humillarte, arrepentirte, y creer en Cristo. Las Escrituras dicen: “Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado” (Romanos 10:8-11). No tienes que hacer una gran obra para ser salvo. No tienes que escalar las alturas del Cielo o cavar hasta las profundidades del corazón de la tierra. Está cerca de ti. Ahora mismo, esta tan cerca como el aire que respiras. Puedes ser salvado hoy día. Simplemente tienes que creer con todo tu corazón en el Evangelio, y confesar a Cristo con tu boca como tu Salvador y Maestro personal, y recibir libremente la maravillosa salvación que Él te ofrece.  

Tus pecados no son un obstáculo para recibir la gracia de Dios. El Salvador venció a todos ellos. Él está dispuesto a librarte de tu esclavitud y tus cargas. Aunque tus pecados te han sido pesados por una gran cantidad de tiempo, aunque han cargado tu culpable conciencia con tal peso que a veces parecía ser insoportable, el Salvador te invita a venir a Él y encontrar la paz con Dios: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mat 11:28-30). He aquí, Él está listo para aceptarte con los brazos abiertos, si solo vienes a Él. La única pregunta que queda es esta: ¿VENDRÁS?

“Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:16). 

Ven a Jesús ahora. No esperes. El tiempo es corto. ÉL regresará pronto. La invitación ha sido dada, y Él ahora está ofreciendo misericordia y perdón. Pero pronto, Su misericordia se expirará, y un día será muy tarde, porque el día pronto vendrá cuando Él parta los cielos y salga de las nubes del Cielo con poder y gran gloria, en llama de fuego para dar retribución a los que no conocen a Dios (2 Tesalonicenses 1:7-9). Y entonces será muy tarde. Pero ahora no es muy tarde. Ahora es el tiempo de buscar a Dios. Ahora es el tiempo de recibir su perdón. Ahora es el tiempo de aceptar su amor y obedecerle en las condiciones de Su Evangelio, las gloriosas Buenas Nuevas que ofrecen riquezas eternas a todos que las reciben. “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).

Jesus Christian Gospel Missions Mission Trips Mexico Missionary Revival Church Planting Ministry Missionary Unreached Salvation